
Acabo de mirar por la ventana y veo con alegría una noche nublada, no sabes las ganas que tenia de contartelo.
Estoy acompañando hace rato esta grata noche, pero por supuesto, dormir es lo que debiera hacer. No es fácil cuando uno quiere un pequeño espacio lejano del día y sus preocupaciones para poder disfrutarlo.
Acá todo bien, no puede ser de otra forma, sobre todo cuando mantenemos la esperanza y creemos en el Supremo. Pero no hay que engañarse, no es fácil; hay dudas, inquietudes, que por siempre acompañan. Me gustaría tener la certidumbre de hacer lo mejor, de actuar acorde a mis aspiraciones, pero por momentos ni siquiera estoy seguro de ellas. Este momento es especial siento una intimidad que extrañaba hace tiempo, que me asustaba el no recobrarla, es difícil de explicar, había olvidado como se sentía escribir, empezar a reflexionar un poco. Es grato se siente tibio, acompaña la música y uno se deja llevar (como el viento a la hoja caída).
Quiero empezar una nueva semana, distinta a las anteriores, estoy encontrando la fuerza y espero aclarar pronto el horizonte. No me agrada como he conducido mis días hasta ahora, creo que me ha faltado dedicación, compromiso con lo que me gusta, y también con las responsabilidades que no gustan tanto, pero al hacerlas bien van dejando su fruto.
Si tuviera que elegir mi actividad elegiría la literatura, pero ni siquiera tomo un lápiz o abro un libro, ¿como se entiende eso? Solo se que me agrada y me gustaría compartir mi tiempo, mis ganas, mis sueños y sentimientos con ella, pero hasta el momento no he encontrado la forma. Siempre he dicho que hay que solo lanzarse, pero yo no lo hecho. En eso estamos, buscando la forma de hacerlo.